Solo en España, hay más de 125.000 personas con algún tipo de afección que les impide comunicarse con su entorno*. Si bien no existe un registro oficial que recoja a todos los afectados, este número comprende a pacientes principalmente con trastornos neuromotores graves, con afectación severa de ambos miembros superiores e imposibilidad de comunicación oral o escrita, fundamentalmente pacientes con ELA, trombosis de la arteria basilar, parálisis cerebral infantil, traumatismo craneoencefálico y mielinolisis pontina.

Sin embargo, un gran número de estos afectados son capaces de hacer uso de sistemas de Comunicación Aumentativa Alternativa (CAA). Pese a que desde abril de 2020 hubo una ampliación de la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud para subvencionar al 100% los dispositivos de seguimiento ocular que permiten a estos enfermos mantener su autonomía y comunicarse, la epidemia vivida de la COVID19 ha paralizado durante más de un año y medio todos los procedimientos de licitaciones en las CCAA, impidiendo a los médicos prescribirlos a los pacientes para que tengan acceso de forma gratuita.

“Este tiempo en la vida de un enfermo con algún tipo de afección, es una eternidad, privándoles así del uso de la pantalla, que en muchos casos es su ventana a la vida, perdiendo así el derecho fundamental de los seres humanos a la comunicación. Estos lectores oculares permiten al paciente controlar cualquier dispositivo con la mirada, permitiéndoles expresarse de manera autónoma con su entorno y seguir realizando por sí mismos muchas tareas (domótica, lectura, acceso a Internet…), mejorando así su calidad de vida, autonomía y autoestima”, afirma Eduardo Jauregui, CEO y fundador de IRISBOND.
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